En un contexto donde el coste de la vida sigue aumentando y la factura de la luz y el gas se convierte en una carga importante para muchas familias, las ayudas públicas para pagar los suministros básicos son más relevantes que nunca. En España existen dos grandes programas destinados a aliviar el gasto en electricidad y calefacción: el Bono Social Eléctrico y el Bono Social Térmico. Sin embargo, no todos saben quién tiene derecho a estos beneficios ni cómo solicitarlos correctamente. Vamos a desglosar qué ofrecen estos programas, quién puede acceder a ellos y cuáles son los pasos para solicitarlos en 2025.
El Bono Social Eléctrico es probablemente la ayuda más conocida. Está pensado para proteger a los consumidores vulnerables, ofreciéndoles descuentos significativos en la factura de la luz. En su versión actual, los descuentos oscilan entre el 25% y el 40%, dependiendo de la situación económica y social de cada solicitante. Este bono no es automático; hay que cumplir ciertos requisitos que incluyen límites de renta, situación familiar, y en algunos casos, la condición de pensionista o desempleado. También pueden acceder al bono social las familias numerosas y las personas que reciben pensiones mínimas.
Uno de los aspectos importantes que muchos desconocen es que el bono social no solo tiene en cuenta los ingresos, sino también el número de personas que conviven en el hogar y sus circunstancias especiales. Por ejemplo, si hay personas con discapacidad igual o superior al 33%, víctimas de violencia de género, víctimas de terrorismo o familias monoparentales, los umbrales económicos para recibir la ayuda se amplían, facilitando el acceso a más hogares.
Además del descuento directo en la factura, el Bono Social Eléctrico garantiza la protección frente a cortes de suministro. Las personas beneficiarias no pueden ver interrumpido el servicio eléctrico aunque se retrasen en el pago, lo que ofrece una seguridad esencial en los hogares más vulnerables.
Por su parte, el Bono Social Térmico es una ayuda complementaria, orientada específicamente a cubrir los gastos relacionados con la calefacción, el agua caliente y la cocina. A diferencia del bono eléctrico, esta ayuda no aparece directamente reflejada en la factura, sino que se concede en un pago único anual. El importe varía según la zona climática en la que resida el beneficiario y el grado de vulnerabilidad. La gran ventaja del bono térmico es que no es necesario solicitarlo por separado: quienes ya son beneficiarios del Bono Social Eléctrico lo reciben automáticamente.
Entonces, ¿cómo solicitar estas ayudas? El proceso es más sencillo de lo que parece, pero requiere atención a los detalles. Para acceder al Bono Social Eléctrico, hay que ser titular del contrato de electricidad y tener contratada la tarifa regulada (PVPC) con una comercializadora de referencia. La solicitud se puede realizar a través de la web de la comercializadora, por teléfono, correo postal o incluso de forma presencial. Se deben presentar documentos que acrediten la situación económica y familiar: el certificado de empadronamiento, el libro de familia, el certificado de pensiones o prestaciones sociales, entre otros.
Una vez aprobada la solicitud, la ayuda tiene una vigencia inicial de dos años, renovable si se mantienen las condiciones. Para las familias numerosas, no hay límite temporal mientras se conserve esa condición.
El Bono Social Térmico, como decíamos, no requiere una gestión específica. Es el propio gobierno quien, basándose en el listado de beneficiarios del bono eléctrico, realiza el pago correspondiente en la cuenta bancaria del solicitante durante el primer trimestre del año.
En 2025, el gobierno español ha reafirmado su compromiso de mantener y reforzar estas ayudas, conscientes del impacto que la inflación y el aumento de los costes energéticos tienen en la economía doméstica. Además, se han ampliado los umbrales de renta en algunas categorías para permitir que más familias puedan acceder al bono social.
El mensaje es claro: ningún hogar debe quedarse sin luz ni calefacción por no poder hacer frente a los pagos. Las herramientas existen, y conocerlas puede marcar la diferencia entre una factura desbordante y un alivio económico real.
Para quienes todavía no han solicitado estas ayudas, es el momento de informarse y aprovechar los recursos disponibles. Un trámite sencillo puede suponer un ahorro considerable y, sobre todo, garantizar tranquilidad en un momento donde cada euro cuenta.